jueves, 29 de marzo de 2012

Día 1 (I)

El despertador suena por quinta vez esta mañana. Estiro el brazo con la intención de apagarlo y vuelvo a acurrucarme bajo las mantas. Lo cierto es que las mantas no son necesarias, pero yo me siento mejor con ellas. No tengo ganas de levantarme, ni de ir al instituto, pero estoy más que segura de que en cualquier momento mi madre me gritará para que me levante.
-¡Georgia!- Ahí está. La voz de mi madre me taladra los tímpanos y provoca que poco a poco me incorpore y me quede sentada en la cama durante unos segundos hasta que, finalmente, me decido a saltar de la misma.

Me llamo Georgia Ahmstrom, tengo dieciocho años, una hermana gemela llamada Alana y soy adoptada y...¡Ah si! Y soy un zombie. Para que quede claro, yo no fui un zombie toda mi vida, de hecho, nací siendo humana. Sin embargo todo eso cambió cuando mi hermana y yo teníamos….bueno, no recuerdo cuantos años tenía, pero mis padres nos trajeron a lo que es nuestro actual hogar y nos adoptaron.

Abro la puerta del armario y cojo lo primero que veo. Entro en el baño de la habitación y me visto rápidamente, me peino y me miro en el espejo. La camiseta negra parece más grande en mi delgado cuerpo. La falda a cuadros rojos y negros contrasta con mi piel azulada. Las ojeras que rodean mis ojos grises y la coleta alta en el cabello blanco me dan un aire desarreglado.
Salgo del baño y me enfundo las botas militares antes de bajar al piso de abajo.


Una vez en la cocina me sirvo un bol de cereales, le doy un beso de buenos días a mi padre y me siento a la mesa.
-Tengo que ir a la peluquería, las raíces pelirrojas empiezan a notarse.-

Aquí un punto importante. Los humanos creen que nosotros los zombies, comemos cerebros, o carne humana, pero para ser sincera eso resulta repugnante. Comemos lo que comen los humanos, aunque en mucha menor cantidad que ellos, y tampoco tiene tan buen sabor.

-¿Dónde está Alana?-

-Ha salido un momento.- Responde mi padre levantando la vista por encima de “Crepúsculo” un estúpido libro humano que se me asemeja más a las telenovelas de los mismos que a la realidad vampírica. –Estos humanos son tan ignorantes como aterradores.-

-Uhmm…Yo más bien diría estúpidos. Estúpidos y fascinantes.- Digo mientras apuro el bol de cereales.- Voy arriba, cuando llegue Alana dile que suba.-


Mi hermana es la persona que más quiero en el mundo. Como todos los hermanos, tenemos nuestras diferencias, pero estoy segura que al lado de los de otros hermanos, nuestros problemas son, cuanto menos, insignificantes. Por alguna razón que aún desconozco, después de nuestra “zombificación” mi piel adquirió un tono azulado claro, además de las otras marcas de los zombies, como la cicatriz de mi muerte en el cuello, el poco peso o las exageradas ojeras. Sin embargo, mi hermana apenas cambió y su aspecto es demasiado humano, por eso, todas las mañanas, maquillo a mi hermana, le tiño todo el cuerpo para poder disimular eso y así evitarle problemas.

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