jueves, 29 de marzo de 2012

Día I

-Bien, aquí tienes. Son cincuenta y cinco dólares. – Digo extendiéndole la coca.
Me da el dinero sin rechistar, dice algo que parece un piropo, coge el pequeño sobre con una bolsita en su interior y se va por donde ha venido, cauteloso. 
Estoy de pie, contando que no falta nada de dinero y me lo guardo en un bolsillo. Un día más, una tarde más que pasará, en este pueblucho humano sin ser descubierta. Ni por los humanos ni por mi familia.

Soy Alana. Alana Ahmstrom. Hija de Dios sabe quién y hermana de Georgia. Somos gemelas. Medias canadienses y además… Zombis. Tiene su gracia, porque parecemos más humanas que ésos despojos de carne descompuesta con que se nos ve en las series de televisión y videojuegos; (Aunque no digo que no me divierta viéndolo).
Vivimos en Zslav, un extraño lugar que está justo en las fronteras de Canadá y Estados Unidos. Recluidos y en medio, se podría decir.
No siento repugnancia ninguna ante estas criaturas. Ni ahora ni nunca. Es más, me fascinan, no sé cómo han podido vivir tanto tiempo tranquilamente, en un ambiente donde podrían ser descubiertos en nada, pues hay criaturas además de zombis que son incluso más horripilantes y con peor aliento que están en mayor peligro de ser descubiertos.

Por suerte, (o por desgracia, según cómo se mire), mi parecido a una humana es demasiado incluso para mis congéneres “sobrenaturales”, así que soy prácticamente una marginada dentro de esta región; y por eso, vivo más con humanos y me aprovecho de ellos, como por ejemplo siendo narcotraficante. Aunque mi cicatriz en el cuello es un tanto llamativo.
Los humanos son un caso aparte. Y creo que me hacen tanta gracia por lo absurdo de  su existencia como de la mía propia. Tal vez me junto tanto con ellos porque en mi interior quisiera ser una más. O simplemente porque gano bastante dinero gracias a ellos.
En nuestra región, los humanos son más bien temidos. ¿Por qué? Pues como se ve en las películas, series de televisión, y a lo largo de la historia, todo aquello que no consideran “normal” ansían por destruirlo. Por supuesto, nadie quiere que le maten sin una razón de peso, y claro, mucho menos nosotros que los evitamos.
Pero en lo que se refiere a mí, más que miedo me tienen asco, por ser una “profanación” de la especie.

Sobre mí, solo puedo decir que soy maestra de la contradicción. Un día quiero camuflarme por completo entre los humanos y al día siguiente ansío que mis congéneres me reconozcan y me den abrazos. Oh, y que a mi hermana nadie le toca un pelo si yo no lo permito.
Mi hermana. Georgia. Es la “persona” que protejo ante todo; le debo mucho. Gracias a ella nuestros congéneres no me han enviado a un laboratorio humano. Es casi como mi heroína, la tengo en un pedestal, vamos. Mi familia. Zombis todos. Georgia y yo somos las únicas que han sido convertidas en monstruitos andantes.

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